"Si haces caso de lo que te dice la gente,
nunca harás nada."


Sé tu mismo

lunes

Respeto


Hoy he leído un cartel que decía: “RESPETE A SUS MAYORES”.

Perpleja ante él, reconozco que siempre existirán absurdeces que jamás entenderé.

¿Realmente a alguien le tienen que recordar “Respeta a tu abuela”?

Respeta a los mayores, a la Naturaleza, al Silencio, a tu pareja, a los menores… ¿es que sólo respetamos los controles de velocidad porque un GPS nos avisa con el pipipipa..?

Entonces, tal vez haya que inventar un Carnet de Cordialidad, 10 puntos al adquirir el Graduado Escolar.

-2 puntos menos si no cedes tu asiento,

-1 por no respetar la fila para pagar,

-4 por olvidar el derecho a la intimidad,

-3 por no esperar tu turno de palabra.

Personalmente me parecería más lógico que me detuvieran por agredir a un homosexual, que por hablar con el móvil conduciendo en la Castellana.

Me avergüenza la hipocresía del que castiga al inmigrante cuando casi todas las sillas de ruedas o brazos a los que se agarran nuestros queridos “mayores” son abrazos no españoles.

A veces tengo la sensación de que todo vale, pero no seré yo la que se deje arrastrar por la influenciable mayoría, así que…

Respeto tu decisión de dejarme aunque no la comparta. No voy a golpearte, ni a amenazarte, ni a perseguirte ni a matarte.. Aunque las lágrimas hagan paracaidismo y mi corazón estalle en pedacitos.

Me callo y me marcho, aunque mis piernas intenten echar raíces y mi cabeza se niegue a girar.

Te respeto y dejo de insistir aunque cada milésima de segundo desee recuperarte, sabiendo que será tarde cuando quieras volver.

Te dejo libre, sin ser consciente de haberte atado con ninguna cadena.

Sólo te pido que si alguna vez una mujer te confiesa su adiós, la respetes igual, sin juzgarla y vete tranquilo, como lo hago yo hoy.

 Camarero, creo que siempre nos hemos tratado con respeto pero… tampoco se vaya usted al otro extremo.

martes

No me preguntes más...


Ella: ¿Qué quieres hacer tú?

Él: ¿Que qué quiero hacer?

Ella: ¿Tan difícil es contestar?

Él: ¿Acaso he dicho yo eso?

Ella: ¿Lo piensas?

Él: ¿Me lo preguntas en serio?

Ella: ¿Tú qué crees?

Él: ¿Y a qué viene esa pregunta?

Ella: ¿Me quieres?

Él: ¿No estas segura de que te quiero?

Ella: ¿Por qué ya no me lo dices?

Él: ¿Por qué no me lo dices tu a mí?

Ella: ¿No te parece todo esto un poco absurdo?

Él: ¿Por qué estamos siempre discutiendo?

Ella: ¿Y me lo preguntas tú a mí?

Él: ¿Qué te pasa hoy?

Ella: ¿Qué te pasa a ti?

Él: ¿Qué he hecho ahora?

Ella: ¿Por qué no me dejas?

Él: ¿Por qué no me dejas tú a mi, tienes miedo?

Ella: ¿A qué, crees que no podría vivir sin ti?

Él: ¿Hay otro?

Ella: ¿Qué?

Él: ¿Adónde vas?

Ella: ¿Vienes?

Él: ¿Quieres que vaya?

Ella: ¿Qué quieres hacer tú?

Él: Estar Contigo…

Si ésta hubiera sido la primera respuesta a la primera pregunta, nos habríamos ahorrado 10 minutos de conversación absurda… ¿Hay algo más ilógico que contestar a una pregunta con otra pregunta?.

Nunca me han gustado los interrogativos así que evito cuestionar porque el 80% de las veces una ya sabe la respuesta.

Prefiero la acción es más divertida… Por eso enloquecí cuando dijiste:

-A las 8 bajo la farola encendida frente a tu portal, te recojo, he hecho reserva ya, el resto de la noche lo tendrás que averiguar… Ponte cualquier cosa, porque con cualquier prenda estás hermosa, si llegas tarde te espero sin enfadarme.

     Bajé puntual, vestido suelto que insinúa la silueta sin marcar, los ojos hablan y cuando le voy a besar, una pregunta me devuelve a la cruel realidad… ¿prefieres chino o japonés?.

 

     Camarero un café… con leche está bien… desnatada… Pues caliente si puede ser, ¿taza o vaso?, me da igual, sí, ¡azúcar!. Y un vaso de agua, fría sin hielo, en  vaso, de la casa. Gracias.

miércoles

Crisis primaveral

Dicen -o puede que me lo acabe de inventar-,
 que cuando te deja tu primer novio, pierdes tu primer trabajo y superas una crisis, es cuando empiezas a vivir.

Y ahora que lo pienso recuerdo que después del primer riguroso luto por desamor descubrí que contrariamente a lo que pensaba; no había muerto, más bien al contrario, renací.

Del primer trabajo me fui yo, y si hubiera llegado a intuir el favor que me hacía a mi misma no hubiese durado ni un día.
Ahora dicen que estamos en crisis, es una frase conocida para mi desde lo 6 años, si a los 6 años se recuerdan las frases. Y con 6 años la busqué en el diccionario; Coyuntura de cambios en una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución.

Aquello de los cambios me daba un miedo atroz porque yo también los sufría, y comprendí a aquella otra niña llamada Crisis. Salí al parque a ver si la conocía pero lo único que encontré fue un rosal que parecía sufrir el mismo mal, estaba lleno de minúsculas hojitas y miedosas aceitunas verdes.

La Primavera llegó, y si los cambios profundos nos dan miedo al ser humano, ¡tendrían que haber visto la transformación de aquel rosal!.
Por eso ahora que vuelven a mencionar a mi amiga Crisis, recuerdo aquel aroma carmín que me ocultaban aquellas camufladas olivas y me doy cuenta de que la única clave para superar una crisis es esperar.. pero aguardar DISFRUTÁNDOLA.

Disfrutar al rebuscar en el desván y recuperar aquella falda de hace años que sigue siendo genial. Te ahorras 150 euros y vas a la última, que la clase la pone tu personalidad no un nombre en una etiqueta.

Disfruten de las barbacoas, las cenas en casa de los amigos, uno lleva el vino, otro pan, entre dos cigalas para la paella… Comida exquisita, baratísima, y charla sin tener que escuchar: ¿Pueden ir terminando que vamos a cerrar ya?.

Disfruten de sus piernas y aparquen el coche. Tumbarse en el césped o sentarse en un banco en vez de en una terraza de verano por una excesiva caña sin tapa, cuando lo importante no es la bebida sino la compañía.

Que los besos siguen siendo gratis, el amanecer y el respirar. Que la crisis se transformará como la Primavera pero que mientras llega, lo único que me hace olvidarme de ella es que tu sonrisa florezca.

Camarero, hoy no voy a tomarme nada, pero si me pone un vasito de agua luego yo le regalo otro en mi casa.

lunes

Ángeles


A veces nos obcecamos en buscar a los ángeles en el cielo cuando residen en la tierra.

Miren a su alrededor, hay gente que aparece en tu vida justo en ese preciso momento en el que lo necesitas, para luego desaparecer dejando estela.
Son esas personas que no esperabas, que no buscas, simplemente caen del cielo, resplandecen entre la multitud.

Como ese niño sonriente que surge extenuado para entregarte el pañuelo que quiso fugarse del preso cuello.
O ese amante, que una noche se entrega para llenar tu carencia de Amor.
Esa frase que delante de un par de cafés, (mientras el sol se lamenta por no poder permanecer un segundo más), te taladra el corazón rebosándolo de luz intensa para que recargues esas ganas de vivir.
La anciana que te avisa: cuidado bonita llevas el bolso abierto.
Ese mensaje que recibes justo a tiempo. Ese lametazo de tu mascota que te cuida preocupada.

Los ángeles pueden ser anónimos; miras tu bolsillo con 12,35 euros, suspiras, y entonces un vagabundo -con el carrito prestado de cualquier hipermercado lleno de cartón oscurecido por el uso- lleva una radio por la que un anticuario daría una fortuna y con zapatos abiertos, sube el volumen mientras tararea I will survive.

O ángeles conocidos, que te guiñan el ojo para forzar esa sonrisa que a veces cuesta tanto.
Incluso a veces uno mismo puede convertirse en espíritu celestial para alguien durante un soplo en el que se mezclan las dimensiones, lo racional con la locura, lo incorrecto con lo debido. 
Y en ese choque entre humanos y querubines se paraliza el tiempo, ya sea en un bar abarrotado o en una cena íntima, emerge el silencio. Ambos procrean esa aislante burbuja que les protege del insultante ruido para permitirles disfrutar de la paz celestial.

En esas ocasiones se suele decir: “acaba de pasar un ángel”, pero yo creo que el ángel está ahí, frente a ti.
Lo malo es que a un ángel no se le puede pedir la eternidad, no podemos ser egoístas e intentar retenerlos en exclusividad, hay que dejarles volar para que sigan repartiendo purpurina mágica.

Camarero, angelito, gracias por crear este momento cada domingo, sin ti no tendría nada que decir.